Nada es como antes: Bienvenido al caos
El resto, con complicidad de los actores y la compañía, hace llevadero un documental que al espectador se le pasa volando entre chistes y recuerdos pandémicos, haciendo, de fondo, un retrato sobre el sector cultural chileno durante esos dos años
Me gusta la apuesta del circuito de estrenos Miradoc este año. Tras 12 años de experiencia, busca ahora nuevas rutas para exhibir y difundir la cultura del cine documental, proponiéndose este año estrenar películas cuyo “timbre” de validación pase menos por circuitos internacionales y festivaleros que por elementos temáticos y narrativos del documental, buscando propuestas frescas que puedan conectar con el público a partir de historias más locales y situadas. ¿El resultado de esto? Películas quizás más imperfectas pero verdaderas, cuya orientación general pasa menos por un hipotético standard de calidad (tipo Netflix), que por la honestidad y la complicidad con el espectador.
Esto es exactamente lo que me pasó con Nada es como antes, su más reciente estreno. Se trata del primer documental de Sebastián Pereira -su segundo largometraje luego de la interesante ficción Los iluminados (2015)-, un honesto retrato de la mítica compañía teatral La Patogallina. Para quien no conozca su trabajo, es una compañía formada en la década del noventa, que vincula el teatro callejero con la música popular, el cómic y la contracultura, famosa por su adaptación de la película muda El húsar de la muerte (2000).
La historia es más o menos esta: en plena pandemia -y en el marco de la crisis de los espacios culturales ocurridos durante esos años de encierro- les llega el encargo institucional de realizar una adaptación televisada del clásico Romeo y Julieta. Sin trabajo y con nula posibilidad de estrenar alguna obra durante el encierro, la la Patogallina decide darle el “vamos”, aunque esto va a contramano de varios principios suyos como compañía: un teatro callejero, performático y siempre con textos propios. Acá, por el contrario, deberían ingeniárselas para hacer una obra en cuatro paredes, pensada para la pantalla chica y, aún peor, adaptando un alambicado texto en jerga shakesperiana , y todo esto en un breve lapso de tiempo.
El resto es una serie de viñetas, escenas hilarantes, conflictos grupales y de fondo un director estresado buscando llevar adelante un proceso inabarcable que se le va de las manos. Entre inseguridades de actores, rupturas amorosas, precariedades laborales, el asunto llega al clímax con la llegada de Vicente Sabatini, reputado director de telenovelas, encargado de grabar la obra. Entre el menjunje estético que nadie sabe mucho cómo funcionará y la ansiedad que le genera a los actores la llegada de Sabatini (con la expectativa de una mejora laboral futura), el documental llega a momentos brillantes de absurdo y frenesí, haciéndonos observadores participativos de un caos creativo.
Pereira se lanza sin titubeos a este registro, entrando de lleno en lo que podríamos denominar “documental de proceso”, cuyo eje central es la observación y la puesta en escena para la cámara, triangulando miradas entre el director de la obra, el director televisivo, los actores y el propio documental. Este toma elementos del “cine directo”, pero suma el estilo paródico del rockumentary de bandas en gira o grabando un álbum en el que todo va de mal en peor (ejemplo: The story of Anvil [2008] o Los Rockers: rebelde rock and roll [2012]). Pero quizás lo más relevante es la claridad narrativa, que se traduce en un encuadre claro y firme que sabe qué historia está contando. El resto, con complicidad de los actores y la compañía, hace llevadero un documental que al espectador se le pasa volando entre chistes y recuerdos pandémicos, haciendo, de fondo, un retrato sobre el sector cultural chileno durante esos dos años. Un par de chistes son de antología, particularmente vinculados al sentimiento de “fin de mundo” que se vivíó durante esa época, y nos hace llevadero el recuerdo de aquellos años grises y extraños. Comedia y documental se dan la mano aquí desde un humor no forzado si no más bien espontáneo y orgánico.
Nada es como antes, cabe decirlo, carece de un buen final, esto por las propias expectativas que desarrolla la narrativa. Esto no deja un sentimiento vacío, en todo caso, si no que prima con el pasar de los días el recuerdo de haber tenido esta experiencia vivida con La Patogallina, y el homenaje al espíritu independiente y aperrado del mundo teatral y cultural chileno. Un tópico y enfoque que también ha dado algunas hilarantes piezas en el cine chileno como pueden ser Historia y geografía (Quesney, 2023) y más atrás Piotr (Martín Seeger, 2010), con las que también comparte un tono de comedia menor, una cierta bajada al piso de la pretensión. Si es esto, en el marco de plataformización del cine, una apuesta por el lado documental desde Miradoc, bienvenido sea.
Dirección y Guion: Sebastián Pereira. Idea Original: Martín Erazo y Sebastián Pereira.
Producción: La Patogallina y La Copia Feliz, con la colaboración de Fundación Teatro a Mil. Producción Ejecutiva: Lorena Ojeda y Sebastián Pereira. Director de Fotografía y cámara: Alex Waghorn. Sonido: Mauricio Beltrán. Música Original: La Patogallina.Casa Productora: La Copia Feliz Producción
Duración: 69 minutos