Después de la Niebla: reproducción y quiebre en el trauma generacional
Si bien el retrato de este sector político ha sido explorado en la cinematografía local —en obras de Andrés Wood como Machuca o Araña—, la particularidad de esta cinta radica en la ironía del aislamiento. A diferencia de otras producciones donde la irrupción de un agente externo suele perturbar la paz del hogar, aquí el conflicto brota del interior del propio refugio.
Después de la Niebla, segundo largometraje de la realizadora Miriam Heard, se presenta como una adaptación de la novela homónima de María Edwards, publicada en 2023. Ambientada en el marco histórico del Plebiscito Nacional de 1988, la producción sitúa el relato en la intimidad de una familia de clase alta que habita una casa junto a un lago en las cercanías de Osorno.
El conflicto central se instala a través del punto de vista de María, una niña cuya existencia transcurre en una profunda invisibilización por parte de sus padres, Juan (Mario Horton) y Rosario (Valentina Muhr), una joven y frívola pareja oriunda de la capital. Desde el inicio, cuando la madre no es capaz de despertar para saludar a su hija en el primer día de clases, hasta el abandono de la María en las inmediaciones del lago durante una fiesta, la película construye un clima de negligencia afectiva.
Rosario se nos presenta de manera infame: ante la preocupación de Ruth, la profesora, por la falta de apetito de la niña, la madre alude a que el problema es la calidad de la dieta que proporcionan en el internado. A pesar de la aparente opulencia, la pareja mantiene una deuda de tres meses con el internado.

A medida que el relato avanza, descubrimos que la casa donde habita la pareja les ha sido prestada y una ninguno de los dos parece tener ingresos. La familia se alimenta de lo que caza Juan, así como de encomiendas que reciben desde Santiago. Ante la deuda, Rosario consigue que su madre le envíe el dinero, pero Juan propone no pagarle a Ruth y gastar el dinero en otra cosa. Mientras los padres fuman marihuana frente a la niña, Juan le dice a Rosario que no importa si incluso María llega a ser expulsada del colegio. Este momento revela el carácter déspota y arrogante de la clase alta chilena, así como la actitud frívola y negligente de la pareja.
La llegada de unos amigos de la pareja en avioneta encarnan el poder económico al que Juan y Rosario aspiran imitar a costa de su propia responsabilidad parental, llegando al extremo de abandonar a María en el lago. La posterior expulsión de María del salón por parte de los amigos demuestra la nula protección de sus progenitores ante quienes son, en realidad, los dueños de la casa. Las escenas donde María bebe alcohol o imita fumar en el lago constituyen un impulso trágico: la imitación de los adultos como último recurso para ser vista por sus padres.
En María, el abandono y el dolor se manifiesta a modo de rebeldía. Cuando unos de los invitados acosa a Eliana, la empleada doméstica, María interviene y lo muerde en la mano para protegerla. En este universo, la violencia se articula bajo la lógica de la culpa: Rosario recrimina a María su comportamiento en lugar de intentar entenderla. En la escena de la cocina, cuando despluman el pollo, y en diversos otros momentos, la madre le recuerda los escándalos que ha protagonizado en el pasado.
Rosario reproduce un orden patriarcal más por desinterés e incapacidad de empatizar o reconocer la individualidad de su propia hija, que de una convicción ideológica. Esto se manifiesta en la escena donde ignora el deseo de María de vestir una camiseta de Superman, imponiéndole en su lugar una prenda de color rosa.
Frente al hedonismo de los padres, las figuras secundarias representan el anclaje ético y afectivo de la película. La relación de María con su amiga Daniela en el internado provee un espacio de paz y orden donde el trabajo y las dinámicas escolares impiden la alienación de las menores. Por su parte, la profesora Ruth se erige como un referente ético del relato; su trasfondo como sobreviviente alemana de la Segunda Guerra Mundial introduce la dimensión de la memoria y la conciencia histórica como un "cable a tierra" en oposición a la inmadurez de los padres de María. De igual forma, Eliana representa una figura maternal para de María. Las secuencias compartidas en el lago y las alusiones a mitologías locales demuestran que el afecto y el instinto de protección en el Chile de la época se tejen fuera de los márgenes de la consanguinidad.
El desenlace comienza a gestarse a partir de una discusión que Juan y Rosario tienen tras la partida de sus amigos. Rosario enfrenta a Juan manifestando su soledad y su malestar ante un futuro incierto ("quiero ir al cine, quiero ver gente, no tenemos casa"). Juan propone regresar a Santiago e "inventar algo", pero Rosario no lo toma en serio. Luego, Juan intenta manipularla recordándole sus mutuas debilidades, como los vicios de Daniela, como su propia incapacidad.
En una conversación entre María y Daniela, se revela el origen del comportamiento errático de la madre como el producto de una experiencia de traumática de abandono durante su infancia, en la cual sus padre partieron de vacaciones a Europa durante un tiempo indeterminado. En un giro que subvierte la repetición del trauma, Rosario decide abandonar a Juan y regresar a Santiago junto a María: mientras el país sueña con una transición democrática, las protagonistas inician su propia transición hacia un futuro incierto.
Después de la Niebla se inserta en la tradición del Novísimo Cine Chileno, dialogando con la obra de realizadoras como Alicia Scherson, Dominga Sotomayor o Nayra Ilic. Al igual que sus contemporáneas, Heard continúa apostando por el intimismo como dispositivo narrativo, volcando en este caso su mirada hacia una familia de derecha en decadencia. Si bien el retrato de este sector político ha sido explorado en la cinematografía local —en obras de Andrés Wood como Machuca o Araña—, la particularidad de esta cinta radica en la ironía del aislamiento. A diferencia de otras producciones donde la irrupción de un agente externo suele perturbar la paz del hogar, aquí el conflicto brota del interior del propio refugio.

El diseño de arte y la atmósfera sonora donde la película construyen un contrapunto, tensionando el bucólico paisaje con la descomposición interna de los personajes. Por un lado, el departamento de arte recrea el sur chileno (la casa, la iglesia, el colegio) mediante objetos de época cargados de nostalgia: casetes, el refrigerador Fensa, la lámpara de alcohol y el manjar cocinado en tarro —este último, un claro guiño a Machuca—. Por otro lado, la banda sonora disrumpe este aislamiento mediante la música de la campaña del "No". En un gesto cotidiano, Juan apaga la radio quejándose de que se transmite “pura política”, evidenciando la pretensión de ignorar una contingencia nacional que los termina permeando; el himno de la alegría se contraponerse a la tristeza de María y al inminente fracaso de la pareja.
Finalmente, el largometraje sostiene su verosimilitud gracias a un reparto equilibrado que cruza rostros consagrados, como el de Horton, con intérpretes menos expuestos en la industria; una decisión que potencia el valor de unos diálogos tan contenidos como significativos.
Dirección: Miriam Heard. Duración: 101 minutos. Guion: Miriam Heard. Basado en: “Después de la Niebla”, de María Edwards Urrejola. Fotografía: David Bravo Nuñez. Arte: Gerardo Moro. Montaje: Luca Alverdi. Sonido: Soledad Andrade. Producción: Echo Art Films, -1Cine, Sencito Films Intérpretes: Ema Godoy, Inés Martín Bernaldo de Quirós, Mario Horton, Valentina Muhr País: Chile, Reino Unido y Francia. Año: 2024. Duración: 101 min. Distribuye: Market Chile
