Aún con sus luchas y convicciones, en el núcleo de Celeste —como en tantas familias de la época— no se conversa de política ni se nombra ese pasado reciente. Era un tiempo de silencios: de no hablar, no saber, no preguntar. El filme ahonda en esa mirada, donde ser hija/o implicaba observar, intuir y habitar desde la obediencia.









