El trabajo de montaje hace que el relato de Manuela sobre su abuela no solo resida en la lectura en voz alta de sus textos y en conversaciones internas de la autora, sino que además se vea traspasado a momentos visuales y sonoros que toman vuelo propio en las imágenes difusas de mares, tormentas e insectos. Así Alicia vive no sólo en lo que escribe si no que en su entorno y en lo que ella veía del mundo: el universo infantil rodeado de naturaleza. Entendemos así que no solo vemos un documental, sino que un intento por representar la máquina de la memoria de una mujer pensante, sintiente y anhelante.









