Matapanki (2): Anarquía en Santiago
Así surge un héroe que se convierte en símbolo de resistencia y, al mismo tiempo, en un reflejo de la realidad social del país. Ricardo encarna esa figura que, aun imperfecta y contradictoria, enfrenta las desigualdades del sistema, convirtiéndose en un vehículo que canaliza la rabia, la indignación y la esperanza de cambio, encarnando también a una juventud de espíritu punk, rebelde y desafiante frente a las normas establecidas.
En Chile, el imaginario de los superhéroes ha adoptado formas propias y con singulares manifestaciones. Figuras como El Brujo (creado por Brian Wallis, Francisco Inostroza, Carlos Badilla y el dibujante Mauricio Menares), Diablo (creado por Ferre y Mauricio Herrera), Mirageman (Ernesto Díaz Espinoza, 2007) y el inolvidable Calcetín con Rombos Man (31 minutos), encarnan distintas tensiones e ironías de la cultura local. Hoy, el país tiene un nuevo superhéroe: Matapanki, una figura que sintetiza el espíritu de una generación marcada por el desencanto, la rabia y las injusticias del Estado chileno. Sin embargo, su figura subvierte las expectativas del género, ya que se trata de un héroe que mata y causa daño, no por voluntad propia, sino como consecuencia inevitable de su propia condición.
Y es que la muerte ocupa un lugar central del relato, funcionando como el punto de quiebre que define a Matapanki y moldea su forma de habitar en el mundo. Hasta ese momento, la película sigue (en apariencia) la estructura clásica del cine de superhéroes: el origen, la adquisición y el descubrimiento de sus poderes, la construcción de su nueva identidad y el proceso de entrenamiento junto a su sidekick Mella (Diego Bravo). Sin embargo, esta transformación se produce de manera extravagante. Ricardo/Matapanki (Ramón Gálvez) obtiene sus habilidades a partir de una botella de alcohol, marcando una diferencia con superhéroes clásicos como Spider-Man o Hulk. Su origen se desplaza hacia el terreno de la comedia, alejándose de la solemnidad habitual de las historias de origen del género. Sus nuevos poderes no están exentos de consecuencias. Una noche, mientras camina de regreso a casa, intenta defender a una chica de un lanza, pero en el proceso termina arrancándole el brazo al agresor sin querer. La escena, absurdamente graciosa, con ecos a la violencia de The Boys, marca un antes y un después en la moralidad del protagonista, llevándolo a cuestionarse sus poderes y su uso en un conflicto que recuerda al que atraviesa Peter Parker en Spider-Man 2 (Sam Raimi, 2004).
Más adelante, el protagonista vuelve a recurrir a sus poderes a partir de un quiebre íntimo. Su abuela, o como la conocen los amigos de Ricardo, la weli, sufre una descompensación, es internada y muere. Este hecho consolida su origen como héroe, inscribiéndolo en una estructura clásica del género, donde la pérdida de una figura cercana actúa como impulso definitivo. De este modo, su recorrido dialoga con el de personajes como Spider-Man tras la muerte del tío Ben. De forma similar a Batman, Ricardo canaliza su dolor en una pulsión de venganza contra el presidente de Chile, a quien responsabiliza por las desigualdades del país y por las falencias estructurales del sistema público de salud que considera determinantes en la muerte de su abuela. Y así, el héroe llega a la residencia del presidente, sorteando toda medida de seguridad, y termina consumando un magnicidio. Resulta llamativo que el presidente ficticio, caracterizado por su desinterés hacia el bienestar colectivo y su inclinación a privilegiar intereses privados, establezca un vínculo reconocible con el actual gobernante ultraderechista, José Antonio Kast. Esa lectura se sostiene en decisiones como el abandono deliberado del sistema público de salud en favor de la privatización del mismo. A esto se suma una marcada desconexión con la situación del país, evidenciada en su incapacidad (o desinterés) por reconocer las necesidades de la ciudadanía, lo que lo sitúa en una burbuja sociocultural propia de su posición de élite. El acto III de la película, además de rendir homenaje a Ultraman, el género de kaijus y Dragon Ball, se construye como un cierre clásico de las historias de superhéroes. La confrontación final entre Matapanki y el presidente de los Estados Unidos, cargada de sátira y exageración, refuerza el tono político de la película y recuerda que Latinoamérica no es un pueblo al sur de los Estados Unidos, cerrando el arco del protagonista de manera triunfante dentro de las convenciones del género.

Al mismo tiempo, resulta imposible ignorar la carga contextual del estreno, pues la película llega a los cines tan solo dos semanas después de que José Antonio Kast asumiera la presidencia, coincidiendo además con el inicio del alza de la bencina a nivel país. A pesar de que la película se escribió, se grabó y tuvo su estreno en el Festival de Valdivia 32°, durante el gobierno de Gabriel Boric, la figura del presidente ficticio dialoga inevitablemente con el escenario político actual. Más que una coincidencia, este avatar condensa algo más profundo: las grietas de un país marcadas por las huellas e injusticias que dejó el golpe de Estado y que, acumuladas durante décadas, han agravado las desigualdades y tensiones sociales. Estas desigualdades y ausencias estructurales fueron incubando un descontento latente que finalmente se desató en octubre de 2019, contexto desde el cual puede leerse la obra de Diego “Mapache” Fuentes como una respuesta artística a sus propias frustraciones e impotencia frente al sistema. Así surge un héroe que se convierte en símbolo de resistencia y, al mismo tiempo, en un reflejo de la realidad social del país. Ricardo encarna esa figura que, aun imperfecta y contradictoria, enfrenta las desigualdades del sistema, convirtiéndose en un vehículo que canaliza la rabia, la indignación y la esperanza de cambio, encarnando también a una juventud de espíritu punk, rebelde y desafiante frente a las normas establecidas.
Hoy más que nunca, necesitamos un héroe como Matapanki, no solo como un símbolo de resistencia frente a las injusticias del actual gobierno chileno, sino también como un espejo que nos haga enfrentar nuestras propias frustraciones e impotencia ante un sistema que sigue reproduciendo desigualdades. Matapanki nos invita a canalizar nuestra rabia y convertirla en acción, simbolizando la necesidad del coraje para desafiar las estructuras que perpetúan la injusticia.
Ficha técnica. Título original: Matapanki. Dirección: Diego “Mapache” Fuentes. Guion: Diego “Mapache” Fuentes. Fotografía: Vicente Correa. Montaje: Lleyton Monteverde. Música: Ian Strika, Cristian Freund, Gianlucca Aste. Producción: Cine UDD. Reparto: Ramón Gálvez, Diego Bravo, Antonia McCarthy, Rosa Peñaloza, Rodrigo Lisboa. País: Chile. Año: 2025. Duración: 71 minutos
