Si vas para Chile (1): Geografía de la migración
Sin embargo, dentro de estos pasajes del documental, los mismos estereotipos subrayan una geografía humana de migrantes y chilenos. Junto a una ominosa música ambiente, hay una puesta en escena que colinda con sobre saturar las imágenes con una estilización del peligro y la pobreza.
La aridez de la frontera norte de Chile es una dura carta de presentación. Tonos amarillos y sepias que saturan la mirada, un cielo fulgurante que desorienta y el cansancio bajo los pies como parte de un entramado que conspira para darle voz a una región inhóspita. Quienes pasan por esa geografía deben prepararse para arduas jornadas con un horizonte que embarga, dentro de una monotonía que anula los sentidos. Como puerta de entrada a nuestro país, la extensión de este escenario es un reto a la perseverancia para ver qué espera en el largo camino de la migración hacia un mejor pasar. Ya lo decía Andrés Sabella en “Norte Grande”, aludiendo a lo imperecedero de la región: la tierra es seca. Un gris de olvido se escapa de las grietas. Y el desierto se queda plano, liso, macabro, igual que la mesa donde se juega, en un azar diabólico, el destino de un hombre…
Este inclemente escenario es lo que domina “Si vas para Chile”, documental que intenta caracterizar la experiencia de quienes emprenden los periplos de la migración. La propuesta de sus directores, Amilcar Infante y Sebastián González, pone a la geografía como un trasfondo que consume a quienes pasan por la puerta septentrional del país. Un amargo complemento, este escenario también se compone por todo un ecosistema institucional y cultural que se genera en los contornos del paso fronterizo de Colchane. Acá radica el meollo de la propuesta de Infante y González: ante el entramado de actores que van en un camino sin mucho destino pero que requiere seguir a pesar de todo, la respuesta es un compendio de lugares áridos y comunes en los recovecos de la migración.
Como si la geografía física permeara a las personas, los directores recalcan lo vasto del entorno árido y lo pequeño que terminan siendo todos aquellos que emprenden el camino de ingreso a Chile. El constante uso de drones subraya lo imponente del desierto, larga geografía en que los actores quedan a la deriva inmersos en su aridez. Este vacío, también abordado desde un carácter cultural, se muestra de forma lacerante en breves pasajes sobre las repercusiones citadinas de la migración. El registro de la marcha anti migración que se produjo en septiembre de 2021 en Iquique se posiciona como el punto neurálgico del documental. Parte de las consecuencias físicas y emocionales de procesos de sobre y desinformación, los directores abordan una imagen de la sociedad chilena vista desde un estereotipo que no cesa de reproducirse.
Sin embargo, dentro de estos pasajes del documental, los mismos estereotipos subrayan una geografía humana de migrantes y chilenos. Junto a una ominosa música ambiente, hay una puesta en escena que colinda con sobre saturar las imágenes con una estilización del peligro y la pobreza. Poner el dedo en la llaga de todo lo que caracteriza los periplos de la migración y una forma chilena de ver el proceso, entonces, termina por verse de la misma manera que se han visto en otros medios audiovisuales. Tanto en forma como en contenido, se genera una situación de doble filo que atraviesa todo el documental. La mirada comprensiva que intenta caracterizar la experiencia migrante, paradójicamente, queda corta por lo estereotipado del enfoque y lo sobre estilizado para abordar el devenir de la migración.
¿Cómo retratar el carácter de la migración dentro del cine chileno? ¿Cómo abordar los diversos choques culturales propios de una crisis migratoria como la que se ha observado en el norte de Chile? Difíciles preguntas tanto en tema como en perspectiva, y mucho más cuando se debe enfrentar a otros medios audiovisuales que se han consolidado como la iconografía de la migración. Ya sea por la aludida desinformación por redes sociales o los reportajes televisivos que saturan el tratamiento en el tema, Infante y González deben convivir con pulsiones que repiten una y otra vez la reacción visceral ante el flujo migratorio. A pesar de las voces en off de los testimonios y análisis de lo que ha ocurrido en el norte, el trazo grueso de la geografía humana termina siendo consumida también por el vacío que pareciera permear formato y contenido del documental.

No por nada, lo complejo de estos temas de migración ha sido un debate constante en el cine chileno, hacia dentro como hacia afuera. En esto último, la representación de la migración desde Chile ha tenido diversas aristas. Sólo falta ver la inherente contradicción de Diálogo de Exiliados (1974) o los diarios audiovisuales de Marilú Maillet (1982-1983). Un tratamiento más severo, en tanto, ha imperado en la imagen de una acechante sociedad chilena frente al extranjero, llena de pugnas ante lo que sería un cambio en la vida social y cultural. Queda abierto el debate y la mirada sobre cómo caracterizar la llegada y la recepción de las contradicciones culturales propias de la migración. Ya sea por lo sucedido como consecuencia de la desinformación en el norte de Chile en 2021, procesos de migración peruana en los noventas e incluso las repercusiones de la migración campo-ciudad de los sesentas, el cine chileno aún tiene mucho que decir sobre la representación audiovisual de este proceso.
Ahora bien, ¿qué es lo nuevo de este proceso migratorio en términos visuales? Pareciera que dentro de las posibilidades del documental, el vacío del desierto se conjuga con los estereotipos y la desinformación a la hora de ver quien es quien dentro de todo el entramado migratorio actual. De ahí las tensiones que recorren varios pasajes del documental, en la medida que se aprecia un camino forjado por otros formatos y que terminan amplificando el vacío en el que quedan suspendidos los testimonios de quienes ingresan a Chile.
La propuesta de Infante y González, con todo su trazo grueso, recorre una geografía inclemente hasta las postrimerías del documental. Vemos que luego de una larga travesía por monótonas distancias, entramados burocráticos y barreras culturales, la noche cae en el desierto. Todo lo que se ha intentado lograr con la travesía migratoria queda en suspenso. El horizonte queda supeditado a una incertidumbre. En la canción final del documental, la frase Y verás cómo quieren en Chile/Al amigo cuando es forastero resuena como parte de un amargo estereotipo de la reticencia chilena frente al extranjero. Ante las contradicciones de procesos migratorios y la recepción chilena, queda el campo abierto para caracterizar a los actores de este proceso sin reproducir estructuras vistas en otros formatos; el escenario del proceso migrante y su lacerante amplitud aguardan.
Dirección: Amilcar Infante y Sebastián González Méndez. Producción: Sebastián González Méndez y Amilcar Infante. Guión: Sebastián González Méndez, Amilcar Infante y Hernán Saavedra. Producción Ejecutiva: Sebastián González Méndez y Esteban Sandoval. Casas productoras: Amilcar Films (Chile), Pejeperro Films (Chile) y Someday Productions (Chile). Dirección de fotografía: Sebastián González Méndez y Amilcar Infante. Sonido directo: Oscar Wirth. Montaje: Sebastián González Méndez y Hernán Saavedra. Postproducción de imagen y color: Christian Nawrath Smith (Color Haus). Postproducción de sonido: Cristian Freund (Zoo Films) y Matias Rojas. Banda sonora: Matias Rojas, Cristian Freund y Sebastián González Méndez. Diseño gráfico: Alessandro D’Amico y Sebastian Mentall. País: Chile. Año: 2025. Duración: 70 mins.
