Alicia bajo la higuera: Memorias de una mujer que escribió e imaginó
El trabajo de montaje hace que el relato de Manuela sobre su abuela no solo resida en la lectura en voz alta de sus textos y en conversaciones internas de la autora, sino que además se vea traspasado a momentos visuales y sonoros que toman vuelo propio en las imágenes difusas de mares, tormentas e insectos. Así Alicia vive no sólo en lo que escribe si no que en su entorno y en lo que ella veía del mundo: el universo infantil rodeado de naturaleza. Entendemos así que no solo vemos un documental, sino que un intento por representar la máquina de la memoria de una mujer pensante, sintiente y anhelante.
Un libro de cuentos que se despliega como archivo audiovisual entre el desmantelamiento de una casa y el rescate de memorias escritas hace décadas. Alicia bajo la higuera, documental de Manuela Thayer, nos trae el recuerdo de Alicia Morel (1921-2017), prolífica y multifacética escritora chilena, dedicada principalmente a la literatura infantil, o a “dignificar el imaginario de los niños”, como ella misma recalca en sus memorias. En este filme, Manuela, nieta de la escritora, nos introduce en su mundo gracias al hallazgo de cajas con escritos, fotografías y retazos de diarios apilados en lo más profundo del antiguo hogar de su abuela, hallazgo que documenta con su cámara y entrelazando variados tipos de archivos.
“La memoria de los niños es distinta”, escribe Alicia y repite a su nieta. Y así es como se nos presenta el filme de principio a fin. Con tal de descifrar la memoria de su abuela, Manuela crea un documental que de un comienzo parece tener una estructura narrativa bastante tradicional, presentándonos momentos históricos, fechas y archivos diversos, pero que luego comienza a diluirse. Desde un comienzo presenciamos una casa que está siendo demolida, entre la que se encuentran manuscritos, cuentos infantiles y archivos fonográficos que parte de la familia trabaja por rescatar. Diarios de vida con poesías, extractos de proyectos, cartas, fotos, quejas; todo esto se dispone cuidadosamente sobre su mesa, en un acucioso trabajo de reconstrucción de la memoria, una disección de cada momento de la vida de la escritora. Así nos introducimos en variados momentos en el que conocemos a Alicia por su personaje público: primero como una escritora de cuentos infantiles para luego acceder a su pensamiento revolucionario, a sus cartas al director y a sus intereses literarios que exceden su interés por la niñez. Pero el filme avanza con ideas que Alicia ha dejado en sus diarios de vida y que su nieta rescata para hacerlos propios y así lograr descifrar quién era esta mujer que hasta hace no mucho era su abuela.
Casi como un filme ensayístico, los escritos de Alicia comienzan a compenetrarse con las ideas de Manuela, quien rememora a su abuela y teoriza sobre la trascendencia, la memoria, las mujeres y la niñez. A través de los ojos de la cineasta comenzamos a entender el recuerdo de una mujer excepcional a través de su huella pública y privada en familia, pero que luego se va transformando entorno a su intimidad hasta convertirse en una memoria formada por imágenes, sonidos y texturas que la describen más allá de sus narraciones de ficción para niños: Alicia se hace recuerdo vívido gracias a este material audiovisual. El trabajo de montaje hace que el relato de Manuela sobre su abuela no solo resida en la lectura en voz alta de sus textos y en conversaciones internas de la autora, sino que además se vea traspasado a momentos visuales y sonoros que toman vuelo propio en las imágenes difusas de mares, tormentas e insectos. Así Alicia vive no sólo en lo que escribe si no que en su entorno y en lo que ella veía del mundo: el universo infantil rodeado de naturaleza. Entendemos así que no solo vemos un documental, sino que un intento por representar la máquina de la memoria de una mujer pensante, sintiente y anhelante. Alicia no solo es la intelectualización de sus molestias ante una sociedad machista que la dejaba de lado, también es su cotidiano. Y es que, ¿cómo podemos recordar a nuestros seres queridos si no es a través de momentos guardados como olores, sonidos y tactos? Así la representación de la memoria se hace muy coherente al transcurrir la película, a pesar de que por momentos se haga algo tediosa sin una línea argumental clara, la que termina por tener un final anticlimático.

Y detenerse en el trabajo fílmico como collage audiovisual para comprender el cómo recordamos, me parece muy atingente para revisar este tipo de documentales biográficos, porque no solo visitamos a una persona sino que lo hacemos desde el lente sensible de su descendencia y de cómo alguien recuerda a otro. ¿El recuerdo de un familiar puede cambiar cuando nos adentramos en su universo más íntimo? Tal vez esa es la pregunta que esboza en un momento Manuela, y que abre múltiples preguntas sobre cómo se conforma la memoria cuando la vemos desde una perspectiva multisensorial. Las olas del mar, el sonido de las aves y el viento se utilizan como espacio para teorizar sobre los recuerdos infantiles a partir de los escritos de Alicia. Desde ahí el trabajo literario que conocemos de la autora.
Este filme nos recuerda el poder que tienen las imágenes de simular la vida, dar una bocanada de aire a la memoria, pausarse en el recuerdo de un ser querido, mientras nos da momentos que parecieran no tener conexión unos con otros, pero que en conjunto hacen una obra delicada, sensible y potente. Un cuento sin principio ni fin, un flashazo de la memoria.
Título original: Alicia bajo la higuera. Año: 2025. Duración: 74 min. País: Chile. Dirección: Manuela Thayer. Guion: Fernanda González, Manuela Thayer. Producción: Manuela Thayer. Dirección de fotografía: Isidora Gálvez Alfageme, Natalia Medina. Cámara: Cristina Daza, Manuela Thayer, Matías Illanes, Willy Thayer. Montaje: Manuela Thayer. Sonido: Marcos Salazar (Diseño). Música: Jorge Arriagada, Martín Thayer
