Cuerpo celeste (2): Tiempo de silencios

Aún con sus luchas y convicciones, en el núcleo de Celeste —como en tantas familias de la época— no se conversa de política ni se nombra ese pasado reciente. Era un tiempo de silencios: de no hablar, no saber, no preguntar. El filme ahonda en esa mirada, donde ser hija/o implicaba observar, intuir y habitar desde la obediencia.

En la medianoche del 31 de diciembre de 1989, Celeste (Helen Mrugalski), una adolescente del norte de Chile, pasa el Año Nuevo junto a su familia en una playa del desierto de Atacama. Escuchan la cuenta regresiva en la radio y, junto con los abrazos y la llegada de 1990, comienza a sonar el himno nacional con las palabras de Pinochet en cadena nacional. Son los últimos meses del dictador en el poder.

Cuerpo celeste se concentra en ese verano —en el que un evento repentino fractura el equilibrio familiar— y en algunos meses posteriores de 1990. Nayra Ilic García, en su segundo largometraje, construye un relato íntegramente narrado desde la mirada de Celeste para mostrar la transición democrática en el centro de una familia de una provincia apartada. En ello hay una decisión autoral: alejarse de los hitos y los personajes públicos del inicio de la década para hablar desde lo anónimo, lo íntimo y lo cotidiano.

En este coming of age, sutil y contemplativo, Nayra Ilic aborda lo que significó ser niños o adolescentes en ese tiempo confuso y jerarquizado. Celeste se enamora, saca fotos con su cámara análoga y fuma a escondidas mientras la campaña del NO permanece rayada en los muros del pueblo y las familias buscan a sus desaparecidos cavando la tierra del desierto. Sus padres (Daniela Ramírez y Néstor Cantillana), de hecho, impulsan esos hallazgos con sus búsquedas ocultas como arqueólogos.

Aún con sus luchas y convicciones, en el núcleo de Celeste —como en tantas familias de la época— no se conversa de política ni se nombra ese pasado reciente. Era un tiempo de silencios: de no hablar, no saber, no preguntar. El filme ahonda en esa mirada, donde ser hija/o implicaba observar, intuir y habitar desde la obediencia. “Nunca me cuentan nada”, les reprocha la protagonista a sus padres. A través de ella subyacen también otras dos dimensiones representativas de las dinámicas de esos años: ser joven y pasar mucho tiempo a solas, y la madurez apresurada impuesta por las fracturas familiares.

La construcción narrativa de los 90 se amplía con las canciones de Upa!, con personajes tejiendo frente al noticiero y con la espera de un eclipse solar que genera temor y expectación. Un evento, además, que impregna de sentido la búsqueda interna de Celeste, sobre todo hacia la tercera parte del metraje. También hay una poética en el desierto opaco, nublado y hostil, captado por la fotografía de Sergio Armstrong, donde la protagonista deambula de una casa a otra y donde sus padres han marcado con banderas rojas aquello de lo que no le hablan. La memoria y la justicia buscan su sitio sigilosamente al costado de esas carreteras áridas por las que transitan turistas.

El filme tiene una visualidad, un ritmo y un tono acorde a lo que quiere contar, que por similitudes de estilo recuerda, en ciertas secuencias, a títulos como De jueves a domingo, de Dominga Sotomayor. Ilic García presenta un relato de atmósferas y silencios, que no requiere de mayor énfasis y que solo se resiente, precisamente, cuando surge algún pasaje o diálogo más coreografiado.

El peso de la película —que su directora estrenó casi 15 años después de su ópera prima (Metro cuadrado)— radica en sostener con claridad el punto de vista en su protagonista, que no cede la narrativa a otros roles. En esa apuesta, sin embargo, quedan un tanto desdibujados los personajes que la rodean. Todo se cuenta a través de Celeste y su tránsito del juego al duelo, de la inocencia a la madurez, del desconocimiento al descubrimiento. Finalmente, en ese devenir, el relato se va construyendo en torno a un único —y sutil— propósito: saber y entender. Nombrar lo que ha pasado. Romper el silencio.

Dirección: Nayra Ilic García. Guion: Nayra Ilic García. Elenco: Helen Mrugalski, Daniela Ramírez, Néstor Cantillana, Mariana Loyola, Nicolás Contreras, Clemente Rodríguez, Erto Pantoja. Música: David Tarantino. Fotografía: Sergio Armstrong. Duración: 97 minutos. País: Chile, Italia.