Esa otra selva blanca: Narrar la ausencia

Con pocas claves, pero significativas —el pasado filosófico de su padre, el vínculo con su hijo, la presencia de su abuela Matilde Ladrón de Guevara y la historia de un amante en el pasado familiar—, la película cruza la pregunta por la herencia y el presente a través de imágenes exquisitamente registradas en fílmico y de un elaborado trabajo sonoro y musical que indaga en paisajes, sonidos y detalles.

Ganadora de la competencia del último Fidocs, Esa otra selva blanca es el tercer largometraje de Teresa Arredondo, después de Sibila (2012) y Las cruces (2018), este último codirigido con Carlos Vásquez Méndez, quien también colabora en su más reciente documental. Si en sus películas anteriores Teresa Arredondo ingresaba a una discusión sobre las memorias recientes vinculadas a las violencias de Estado, las dictaduras y las militancias de izquierda, en su más reciente documental se aleja de estos ejes más públicos para realizar su película más personal hasta la fecha.

Esa otra selva blanca aborda un duelo: en este caso, el duelo por la muerte de su padre. Como idea nítida, es, en efecto, un “diario de duelo”, un género literario en sí mismo cuyo fondo es atravesar el fantasma de la pérdida. A través de reflexiones y recuerdos breves, cuyo mapa final nunca se nos entrega, la película de Arredondo va tomando objetos, fotografías, dibujos y registros cotidianos del presente para constituir un tejido cuyo centro es el vacío de la ausencia.

Con pocas claves, pero significativas —el pasado filosófico de su padre, el vínculo con su hijo, la presencia de su abuela Matilde Ladrón de Guevara y la historia de un amante en el pasado familiar—, la película cruza la pregunta por la herencia y el presente a través de imágenes exquisitamente registradas en fílmico y de un elaborado trabajo sonoro y musical que indaga en paisajes, sonidos y detalles.

Pero la película se construye, sobre todo, a partir de una respiración o un temple. Un cierto prisma a través del cual podemos observar el paso del tiempo e inferir el tipo de vínculo que la unía a su padre, y cómo esto se refleja en el ejercicio de la maternidad y del cuidado. Se trata de una película donde, más que narrar o relatar estos eventos de forma dramática, se los muestra como quien va tejiendo una trama de afectos, una especie de inventario de objetos significativos cuya materialidad y sensorialidad se nos ponen en frente. Es un documental que, a través de un pulido de líneas narrativas, va construyendo su relato mediante dispositivos específicos: unas fotos Polaroid que va tomando, registros en fílmico del pasado, el espacio cotidiano de su casa, la transformación de la luz, el relato de un zorzal que visitaba la casa de su infancia o el sueño de su hijo de hacer una película de ciencia ficción.

La película de Arredondo apuesta por una mirada que desarma los principios narrativos de los grandes temas para volver a un gesto de escritura fílmica elemental, una suerte de puesta a prueba del tiempo cinematográfico que atraviesa el plano registrado. Con paciencia, silencio y observación, Esa otra selva blanca conquista un espacio para la memoria, el rito y la infancia a partir de una imaginación del resto, de lo que queda.

 

Dirigida por: Teresa Arredondo. Guión: Roberto Collío, Sofía Hansen, Teresa Arredondo. Casa productora: Athar Medios, dereojo comunicaciones, Laguna Negra. Producción ejecutiva: Claudio Leiva Araos, Patricio Muñoz G., Teresa Arredondo. Producción: Claudio Leiva Araos. Dirección de fotografía: Carlos Vásquez Méndez. Montaje: Roberto Collío, Sofía Hansen, Teresa Arredondo. Sonido: Carlos Vásquez Méndez. Duración: 67 min.