Vuelvo donde nunca estuve: nunca tuve otra casa

Vuelvo donde nunca estuve es la historia de un genocidio. A través de planos amplios y profundos retrata la inmensidad y soledad del paisaje fueguino, al mismo tiempo que recupera desde la ciudad de Punta Arenas, los archivos que registran la ocupación de las tierras ancestrales, el despojo y la crueldad que vivió el pueblo Sel’knam, conocido en nuestros libros de historia, pasados por el ojo de la colonización, como Ona. La historia de este pueblo es famosa por su supuesta borradura, se ha extendido como relato que no queda nadie, que es un pueblo extinto.

Vuelvo donde nunca estuve es un documental que sigue la historia de Fernanda Olivares en su mudanza de Santiago a Porvenir, en el extremo sur de Chile. A través de imágenes de archivo y la voz de la protagonista, el viaje es registrado como una ruta más del pueblo Sel’knam, a través de una de sus miembros. No hay diferencia ni distancia, solo la historia de mestizaje hace de la protagonista y su cuerpo, una muestra de la historia acumulada de un pueblo indígena.

Fernanda es descendiente Sel’knam y llega a Tierra del Fuego, allí donde el cielo se vuelve curvo. La protagonista del documental busca sus orígenes a través de archivos y paisajes recorridos, pero más que eso: recuperando la tierra de sus ancestros para su propia vida.

Vuelvo donde nunca estuve es la historia de un genocidio. A través de planos amplios y profundos retrata la inmensidad y soledad del paisaje fueguino, al mismo tiempo que recupera desde la ciudad de Punta Arenas, los archivos que registran la ocupación de las tierras ancestrales, el despojo y la crueldad que vivió el pueblo Sel’knam, conocido en nuestros libros de historia, pasados por el ojo de la colonización, como Ona. La historia de este pueblo es famosa por su supuesta borradura, se ha extendido como relato que no queda nadie, que es un pueblo extinto. Fernanda y su familia son testimonio de que la desaparición no ha ocurrido, y que el relato extendido se debe a un modo en que los colonizadores narraron la historia, como un modo de asimilar y ocultar el robo de niños y la gran cantidad de indígenas que dejaron morir de frío, de enfermedades importadas y en matanzas que simulaban un enfrentamiento entre los Sel’knam y los criminales.

Junto al viaje de Fernanda y su llegada a Porvenir, se introducen escenas que provienen de la Convención Constitucional chilena, que intentó cambiar la Constitución del 80. Allí, un descendiente del pueblo Sel’knam se emociona al tener que hablar frente a una parte del Estado chileno, por considerarlos un pueblo muerto. Nadie se escapa la verdad, ahí en la sede del ex Congreso Nacional, los miembros de la convención son la representación de un todo, de un Chile que permitió un genocidio y su olvido, pero que pueden tal vez, ser la chispa de otra cosa. Están vivos y están aquí, demandan ser reconocidos en la ley indígena, solo a través de agregar un “y el pueblo Sel’knam” al final del texto de la ley, un ejercicio diminuto para una comunidad que reclama un gesto enorme. Además, en momentos en los que parece que el proceso constitucional fue una pérdida de tiempo y la voz de posiciones maximalistas, la justicia social aparejada a la reivindicación Sel’knam, es un recordatorio de que no se trató de incorporar “muchas justicias indígenas”, sino que de un reconocimiento, para el caso, mínimo, y por lo mismo, insuficiente.

Vuelvo donde nunca estuve es una voz en primera persona, pero está bien reflejada la manera en que habla el colectivo. Las personas que circulan junto a Fernanda son parte de su universo y aparecen en la medida en que van dando vida a su relato. Sugieren y entregan respuestas a sus preguntas, a su recorrido, pero no tienen nombre ni muchos datos respecto de quienes son. El documental tiene la capacidad de ser un discurso doble que se articula naturalmente. Se trata al mismo tiempo de la historia de un genocidio, como de la vida de Fernanda, y no es fácil que ambas cuestiones dialoguen sin que parezca que una matanza sostenida de un pueblo indígena quede subrepresentada. La apuesta es un riesgo, pero en el diálogo de ambas narraciones, Fernanda no queda sobrepuesta, ella es parte de ese pueblo Sel’knam, no una bisnieta ajena a su genealogía.

Respecto del montaje, el documental usa una serie de recursos a veces confusos. Blanco y negro, color, incluso un sepia, no se organizan necesariamente como un modo de darle historicidad a las imágenes. Sin ánimo de pedir un orden lineal, los colores no responden a alguna manera de evocar emociones o referencias entre las propias imágenes que el documental ofrece. A veces la imagen de archivo y la memoria de un tiempo pasado toma el blanco y negro, a veces no. Un buen ejercicio podría haber sido que el color rememora algún afecto, no solo como un modo de conmoverse, sino una manera de hacer de la imagen una provocación afectiva, un modo de organizar o desorganizar el ojo que observa. Con lo abierto del paisaje, lo enorme, hay una deuda en el modo en que se plantea la historia de Fernanda y su relación con la imagen, su historia y quizá la Historia se relatan de manera más externa, aun cuando el filme intenta hacer el gesto contrario.

Vuelvo donde nunca estuve es seguramente uno de los mayores gestos de justicia al pueblo Sel’knam. No se trata de orejas cortadas, ni de un perdón garantizado, se trata de hacerse ver como cuerpos que existen, no que existieron, que existen hoy a pesar de no estar vivos. Así como una casa que no era tuya, pero al mismo tiempo sí, el documental acierta en dejar la sensación de que su principal logro es dar con la tecla de una Fernanda que hace de su historia previa solo la historia de su pueblo.

Dirección: Constanza Vásquez Palau y Andrés Morales Zambra. Año de producción: 2026. Duración:70 minutos. Formato: 4K / Color. País de producción: Chile. Productoras:  Quetro Producciones y Tonina Sur Films