Hangar rojo: El paracaídas del capitán

El filme es abordado sin épicas monumentalistas y desde un punto de vista narrativo riguroso, enfocado sobre todo en la encrucijada del protagonista, internamente dividido entre obedecer órdenes de superiores y una decisión ética que debe tomar en el clímax del filme.

Basada en el caso real del capitán de la Fach Jorge Silva, la película aborda el caso poco frecuente de un militar que decidió no obedecer órdenes directas de superiores en medio del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Uno de los pocos militares constitucionalistas quien, además, había detenido un atentado a Salvador Allende tres años antes. Se trata de un caso documentado en diversos libros y su decisión ayudó a salvar a varios jóvenes militantes de izquierda. Luego de ello, Silva sufrió torturas y exilio, falleciendo el año 2024, quedando esta parte fuera del filme. En rigor, la película se ubica entre los días 10 y 12 de septiembre, un seguimiento del minuto a minuto del golpe desde dentro de unas dependencias militares, mientras se van reubicando al interior de este espacio grupos de militares adherentes a Pinochet.

El filme es abordado sin épicas monumentalistas y desde un punto de vista narrativo riguroso, enfocado sobre todo en la encrucijada del protagonista, internamente dividido entre obedecer órdenes de superiores y una decisión ética que debe tomar en el clímax del filme. Por su parte, Silva, se encuentra precisamente bajo sospecha de su superior Mario Jahn, quien tres años atrás intentó realizar el atentado a Allende, lo que Silva denunció. Esta tensión de base articula gran parte del filme, y el actor Marcial Tagle logra representar ajustadamente la prepotencia y perversidad sin caer en excesos. Un tipo de representación del “militar” abusivo que hemos visto en diversos filmes del cine chileno, pero que aquí concentrado en el antagonismo funciona bastante bien. 

Por su parte Silva (con sólida interpretación de Nicolás Zárate) está trabajado desde el minimalismo gestual  y el formalismo militar, haciendo asomar en partes breves pero significativas su lado humano: por un lado, el temor que a su esposa, profesora universitaria, la lleven detenida, por otro, tratando de no sucumbir ante las constantes provocaciones del superior. En su marco, y buscando explícitamente no encontrarse dentro del grupo interno que buscó boicotear al golpe, intenta sobrevivir llevando a cabo órdenes de sus superiores, pero no soportando el abuso y el ensañamiento con que se tomaron los operativos (ejecuciones, torturas, insultos, etc). Su disidencia es interna, y se trata, en parte, de llevarlo al punto límite. Aquí se cruza también su experiencia previa como paracaidista, acaso una de las metáforas centrales del filme: la libertad de juicio y acción es un salto al vacío.

Estéticamente la película es también minimalista, utilizando a su favor el fuera de campo, el blanco y negro, y un lente con poca profundidad de campo. Hay pocas decisiones narrativas pero nítidas: una cámara enfocada en el rostro y la nuca de Silva, buscando acercarse a la experiencia del cuerpo y el entorno, que recuerda no sólo a las películas de los hermanos Dardenne, sino también a películas que han enfatizado el tratamiento de los cuerpos en la revisión del pasado, como El hijo de Saúl (Lazlo Nemes, 2015) y particularmente la argentina La larga noche de Francisco de Sanctis (Andrea Testa, Francisco Márquez, 2016), abordando escenarios de violencia estatal. Una de las marcas claras de este filme es el trabajo con primeros planos y planos medios, dejando el entorno en tonos oscuros, contrastes y desenfoques, concentrándose sobre todo en el estado psíquico del personaje.  Un énfasis en las acciones más que en el decorado, siendo este, sobre todo, un espacio “off”  que funciona opresivamente. En ese sentido, se trata de una película que estéticamente está en las antípodas del tratamiento miserabilista del golpe, como ocurre, por ejemplo, con Post Mortem (Pablo Larraín, 2010), que construye una puesta en escena barroca y apocalíptica.

En Hangar rojo se sienten las pausas, los tensos silencios, las miradas. También el sufrimiento de terceros, y la responsabilidad en torno a ellos con una perspectiva que busca no sólo ser una película más sobre el Golpe, si no agregar una capa en torno a las decisiones éticas individuales que rompieron con “la banalidad del mal”. Sin más aspavientos y dejando la narración sólo para los puntos fundamentales del tránsito de su protagonista, Hangar rojo gana altura de miras desde la sobriedad como estilo, levantando una pregunta por las decisiones individuales que se resisten a obedecer la orden de la aniquilación. En tiempos donde el autoritarismo reúne con tecnologías, redes sociales y políticas del odio, la pregunta por estos pequeños gestos heroicos que deciden ir contra la corriente puede guardar alguna lección valiosa.

Duración: 81 minutos. Países de coproducción: Chile, Argentina e Italia. Dirección: Juan Pablo Sallato. Guion: Luis Emilio Guzmán y Fernando Villagrán (basada en el libro de Fernando Villagrán). Fotografía: Diego Pequeño. Música: Alberto Micheli (o Mikieli) y Matteo Marrella. Montaje: Valeria Hernández y Sebastián Brahm. Sonido: Stefano Polidoro. Dirección artística: Bernardita Baeza. Producción ejecutiva / Producción: Juan Pablo Sallato, Juan Ignacio Sabatini, Mercedes Córdova, Valeria Forster y otros. Compañías productoras: Villano Producciones, Brava Cine, Rain Dogs, Berta Film, Caravan y TVN. Distribución: Storyboard Media