La búsqueda del otro: en busca de la diferencia

Este cambio de ruta transforma el documental en un retrato noble y subversivo, del cual surge un diálogo horizontal donde es la propia machi quien indaga en las vivencias de la cineasta. Así, la película se convierte en un intercambio en el que Marcelina emerge como una figura resiliente y profundamente comprometida con su labor de sanación. A diferencia de aproximaciones que retratan la cultura mapuche como algo estático o arcano, o como un objeto de museo presto a ser mercantilizado, Gallardo nos sitúa en un presente en el que esta cosmovisión se presenta como una fuente de conocimiento crítico ante el colonialismo y el patriarcado.

La búsqueda del otro es un documental que toma como punto de partida el caso de Marcelino Berríos Paineo, una machi injustamente acusado y encarcelado por asesinar a uno de sus pacientes. Con el propósito de registrar su testimonio como representación de la violencia ejercida por el Estado de Chile y los prejuicios surgidos a raíz del caso mediático, los cuáles terminaron con la partida de Marcelina de su comunidad, Cons Gallardo, su directora, se lanza en la búsqueda de su paradero en una travesía por la Araucanía.

Este puntapié inicial instala la pregunta por la otredad y por la discriminación: lo que comúnmente se tipificaría como una falla en el protocolo o un accidente en el suministro de dosis es catalogado como asesinato por la justicia y la prensa chilena, revelando una asimetría que criminaliza la cultura mapuche y sus prácticas ancestrales. A través de recortes de titulares de prensa, el documental visibiliza la persecución en la que Marcelina resultó criminalizada, y también, ridiculizada por su identidad de género bajo el apodo de la “Machi-Macho”: Marcelina es lo que en la cultura mapuche se conoce como una machi-weye, es decir, una machi transgénero.

La búsqueda comienza y la directora debe adentrarse en el Wallmapu para ganarse la confianza de personas que pueden ayudarle en su misión: el paradero de Marcelina es desconocido. En paralelo, Gallardo contacta a Seba Calfuqueo, una reconocida artista visual trans de origen mapuche —referente fundamental en el trabajo sobre la identidad de género dentro del contexto del arte contemporáneo a partir de obras como You will never be a Weye (2015)—, con quien establece un diálogo para compartir experiencias comunes, y que resuenan con la búsqueda personal de la directora: Cons Gallardo pertenece y aboga por los derechos de la comunidad LGTB+.

En este intercambio, la artista revela una parte poco conocida de la historia del pueblo mapuche, la cual sugiere que la invisibilización de la diversidad sexual surge como un efecto tras la colonización de la Araucanía. Remitiéndose al testimonio del cronista Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán en Cautiverio feliz,  Calfuqueo expone cómo la figura del machi-weye estaba integrada de forma orgánica, y la cual fue desapareciendo en la medida que la cultura mapuche se occidentalizó. Siguiendo a Calfuqueo, la tarea contemporánea no es inventar nuevas categorías para clasificar a los sujetos bajo el alero de la teoría queer, sino más bien criticar el patriarcado en cuanto discurso opresor.

Tras dar con el paradero de Marcelina, el misterio no deja de acrecentarse, dado a que la machi se muestra opaca ante las preguntas de la directora. Lejos de ocultar los obstáculos, Cons decide incorporar estas limitaciones como elementos dramáticos del relato. La película abraza no solo la dificultad para dar con el paradero de la machi sino también la barrera lingüística que impone el castellano rudimentario de Marcelino, así como el desinterés de la machi por recordar su paso por la cárcel.

En consecuencia, Gallardo decide abandonar la búsqueda del testimonio, respetando la privacidad de su protagonista, y desarrollando una estética que se configura como una crítica al extractivismo: la voz en off —especulativa, reflexiva y por momentos afirmativa— no pretende constituirse como la voz oficial que la antropología ha impuesto históricamente sobre los pueblos originarios, sino más bien se ubica desde una simetría que destaca la diferencia.

Este cambio de ruta transforma el documental en un retrato noble y subversivo, del cual surge un diálogo horizontal donde es la propia machi quien indaga en las vivencias de la cineasta. Así, la película se convierte en un intercambio en el que Marcelina emerge como una figura resiliente y profundamente comprometida con su labor de sanación. A diferencia de aproximaciones que retratan la cultura mapuche como algo estático o arcano, o como un objeto de museo presto a ser mercantilizado, Gallardo nos sitúa en un presente en el que esta cosmovisión se presenta como una fuente de conocimiento crítico ante el colonialismo y el patriarcado.

Por su parte, Cons interioriza el diálogo con Marcelina mediante el uso del archivo doméstico y su propia voz. A través del montaje, la directora incorpora fragmentos de su matrimonio, así como imágenes del proceso de transición de su pareja. Estas secuencias ponen en valor su propia diferencia de manera análoga a cómo el documental valida la alteridad de Marcelino frente a la hegemonía cultural del Estado chileno y del propio Wallmapu. Esta dialéctica también se manifiesta en el ámbito de la biografía familiar de la directora. Frente a la figura de un padre que formó una familia en paralelo, la crianza y el sostén afectivo de la madre y la abuela posicionan el mundo de la mujer como una fuente de liberación y red de apoyo crítica ante el patriarcado.

Esta dimensión performática (siguiendo la conceptualización de Bill Nichols, la cual pone énfasis en las dimensiones subjetivas del relato) vuelve a aparecer en el punto medio o punto de no retorno, cuando el equipo participa en un Nguillatún durante un eclipse: la realizadora y el equipo técnico se entregan a la ceremonia desde el respeto de quien se acerca a la otredad sin ánimo colonizador. A pesar de que la realizadora dice no compartir las creencias de la cosmovisión mapuche, decide entregarse a la experiencia del rito desde la diferencia. Esta diferencia es performática porque incorpora la subjetividad de Gallardo para establecer una crítica a la figura del antropólogo (en su afán de mímesis) y la del colonizador (en su afán extractivista).

En una de las secuencias finales, lo que parece ser el testimonio del encarcelamiento se revela magistralmente como el relato de un sueño de la machi, engañando al espectador y guardando nuevamente una distancia ética ante el dolor ajeno. Tras el anuncio del fallecimiento de Marcelina, Cons acompaña a un grupo de mujeres a realizar un rito fúnebre al océano. El montaje enlaza la presencia de Marcelino en la playa —extraída de grabaciones previas— para sugerir su presencia de manera fantasmagórica, celebrando la trascendencia de su existencia en el mundo de los vivos.

El gesto final es un acto de rebeldía y sanación colectiva: la quema de los periódicos que ridiculizaron y estigmatizaron la figura de la machi. Acompañada en los créditos por un tema pop que inyecta frescura al cierre, la película consolida un horizonte contemporáneo y emancipador. La búsqueda del otro no solo repara la memoria de la machi Marcelina, sino que invita a construir un sentido de comunidad donde la diferencia deja de ser objeto de juicio para convertirse en un territorio de libertad.

Ficha técnica: Año: 2025. País: Chile. Dirección: Cons Gallardo Vásquez. Guion: Cons Gallardo Vásquez, Daniel Díaz Oyarzún. Producción ejecutiva: Esteban Sandoval Carrasco. Producción General:  Cons Gallardo Vásquez, Esteban Sandoval Carrasco. Casa productora: Pejeperro Films. Fotografía: Raúl Moncada Aguilera. Montaje: Daniel Díaz Oyarzún. Diseño sonoro: Rubén Jeraldo. Música Original: Paulina Villacura. Postproducción de imagen: Kitral Producciones. Postproducción de sonido: Respiral Audiovisual.  Distribución nacional: Miradoc.