El Claro: Interrumpir lo inevitable
El giro ocurre cuando se le acerca un personaje interpretado por Guilherme Sepúlveda, quien le cuenta sobre “El Claro”, una tecnología de Realidad Virtual que se está probando para ayudar a atrevesar un duelo, permitiendo reencontrarte con los muertos. Desde entonces Olivia se ve envuelta en un dilema: sanar con el tiempo o interrumpir el proceso para reencontrarse con –presuntamente- Elisa. Este es el tema central de la película, la incomodidad frente a la posibilidad de continuar relacionándonos con una simulación de la persona que tanto extrañamos.
Inusual para el cine chileno. Eso es lo primero que llama la atención de El Claro, que ingresa al espacio de la ciencia ficción y teje una trama guiada por la Realidad Virtual. Trata sobre el duelo de Olivia, quien pierde a su pareja y sería la realidad virtual la que le permitiría reencontrarse con su pareja en una simulación. La duda que instala: ¿debemos reencontrarnos con nuestros muertos? ¿debemos interrumpir el duelo, la pena, la partida?
Comienza con el encuadre de una relación estrecha entre dos mujeres jóvenes. La narración, acompañada de colores dulces al ojo, nos lleva a una cotidianidad cálida teñida por una profunda complicidad entre ellas. Esto es interrumpido abruptamente por un accidente en el que una de ellas, Elisa, muere. Olivia sufre, desaparece, se desconecta y como espectadores la acompañamos en una serie de primeros planos de ojos inyectados de pena. A través de Olivia, de su viaje, de su caminar, de sus expresiones, nos hacemos preguntas respecto de cómo elegiríamos o hemos elegido vivir un duelo y sobre qué es, finalmente y en términos morales, lo mejor para vivirlo. Es así, a través de Olivia, que se cuenta esta historia.
El giro ocurre cuando se le acerca un personaje interpretado por Guilherme Sepúlveda, quien le cuenta sobre “el claro”, una tecnología de Realidad Virtual que se está probando para ayudar a atrevesar un duelo, permitiendo reencontrarte con los muertos. Desde entonces Olivia se ve envuelta en un dilema: sanar con el tiempo o interrumpir el proceso para reencontrarse con –presuntamente- Elisa. Este es el tema central de la película, la incomodidad frente a la posibilidad de continuar relacionándonos con una simulación de la persona que tanto extrañamos.

La película instala un cuestionamiento ético a los rumbos que puede tomar la Realidad Virtual. Algo que ya hizo la aclamada serie Black Mirror en su momento, cuando crea la idea futurista que da la posibilidad de encargar una réplica de una persona querida que ha fallecido, construida con toda la información que dejó como rastro en Internet. Es eso lo que hace “el claro”, una copia virtual, realista, de la persona que ha partido, simulando realidades para encontrarse con ella y poder vivir algo más en su compañía, supuestamente prolongando la vida. Es una reflexión profunda sobre el duelo, sobre dejar ir, sobre sanar. Creo que trata de apelar a una moralidad respecto de hasta dónde pueden llegar la Inteligencia Artificial y la Realidad Virtual en ese plano.
Sin embargo, hay algunas cosas de la película que no marchan del todo bien. Estas pueden resumirse en tres elementos: el funcionamiento de “El Claro”, las reacciones de los personajes frente a este y, por lo tanto, sus actuaciones, y finalmente, el mundo simbólico de representaciones audiovisuales.
Con respecto a lo primero, la forma en que se cuenta la historia deja algunos cabos sueltos sobre el funcionamiento de “el claro”, así como por qué éste toma los rumbos que se muestran en sus pruebas para los duelos que deja la muerte de Elisa. Las situaciones simuladas van deformando el recuerdo y las vivencias, produciendo algunas dudas respecto de la experimentación de momentos incómodos en la Realidad Virtual, algunos muy distitnos a lo que se nos había enseñado en el encuadre inicial sobre, por ejemplo, la pareja que eran Olivia y Elisa. Al mismo tiempo que se interrumpe el duelo y se posterga su debido proceso, con su pena, con su añoranza y sus derivas, “el claro” ofrece una realidad que parece, por momentos, conflictuar a los vivos con los muertos, algo distinto a lo que se promete experimentar inicialmente.
El segundo elemento complejo son las reacciones de Olivia y la madre de Elisa cuando experimentan la simulación. Generan cierta extrañeza ya que parecen tomarse con naturalidad la aparición de Elisa después de muerta. Junto con cierto alivio, aparentan estar preparadas para reecontrarse con ella en la Realidad Virtual, cuya representación es extremadamente –valga la redundancia- realista. Hay algo de verosimilitud que se pierde en estas reacciones, donde los personajes se arrojan a la experiencia con la confianza de quien se encuentra con su reflejo en un espejo. Creo que la dirección de actores pudo ser mejor, deja rondando un aire a actuaciones de teatro más que de cine, sin embargo es un elenco conocido y de trayectoria que se luce como tal (Paulina Moreno, Patricia Rivadeneira, Guilherme Sepúlveda).
En relación al tercer elemento, a pesar de estar atravesada por una fotografía pulcra, bellos colores y escenas vistosas de danza urbana y fiestas que funcionan como retrato de época, como espectadora esperé más elementos simbólicos que permitieran un análisis más fino. La muerte, el duelo, una relación entre mujeres, la tecnología distópica podrían abrir espacio a representaciones audiovisuales simbólicas de gran riqueza, sin embargo la película se cuenta de manera bastante lineal y aterrizada en los acontecimientos.
Para ir finalizando, destacaría que El Claro abre una zona temática para el cine chileno, para ocuparse de otros temas, para la innovación conceptual y el abordaje de cuestiones epocales que se nos vienen encima como mantos de realidades éticamente sospechosas. No solo nos da el pase para ocuparnos de la ciencia ficción y cuestiones asociadas a la tecnología, sino también nos lleva al espacio de las distopías, tópico ampliamente utilizado en el cine, pero no especialmente en Chile.
El Claro se despliega en la apertura de preguntas con bellos escenarios y un tratamiento de colores que hacen de la película una experiencia agradable. La película nos lleva a un final abierto que instala preguntas y sentimientos difusos. Lo anterior no impide entrar en la historia, sentir con Olivia y comprender la crítica profunda que se encarna en El Claro. Sin duda, deja en el ambiente la expectativa de qué más puede traer Maira Carrasco a la escena chilena desde este, su primer largometraje.
Dirección: Maira Carrasco; Guión: Maira Carrasco y Valentina Reyes; Elenco: Paulina Moreno, Paula Hofmann, Patricia Rivadeneira, Paula Leoncini, Guilherme Sepúlveda y Sol de Caso; Producción ejecutiva: Agustin Benchoa; Producción general: Allison Qian; Casa Productora: Cine UDD; Fotografía: Catalina Ríos; Dirección de arte: Valeria Muller; Música: Pablo Iribarren y Antonio Vassallo; Sonido directo: Gabriel Lohse y Mario Bravo; Asistente de dirección: Flavio Trostel y Sofía Reyes; Cámara: Javier Fuentes; Continuidad: Ainara Menares; Duración: 63 minutos; País: Chile; Año: 2025
